Al otro lado de la estación, hay una joven sentada en un banco.
Sus cabellos negros ocultan parcialmente su rostro, sin embargo, sus ojos desvelan una mirada perdida, rodeada de un invierno azul celeste. Las calles, encharcadas de soledad e ilusiones rotas, la sumen en un estado de melancolía.
La melodía del piano acompaña el vacío de la estación mientras la luz del tren se acerca, iluminando la tarde oscura. Una vez sentada en el tren, los recuerdos la atormentaban, cómo una pesada piedra en su mente. Ella observa su reflejo en la ventanilla, analizando cada rasgo de su piel. Aguzando los sentidos advierte que sus facciones cobran sentido, creando una belleza difícil de percibir.
Te quiero, no me importa nada mas, solo necesito tiempo a veces para acordarme y hacer lo que debo.
Perdoname, por favor.
Perdoname, por favor.
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